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MAN RAY.

Man Ray nace el 27 de agosto de 1890 en Philadelphia, Estados Unidos.
Fue un artista modernista que pasó la mayor parte de su carrera en Francia, exactamente en Paris. Contribuyó al movimiento dadaísta y surrealista a pesar de que sus vínculos con cada uno eran informales.

En el mundo artístico era conocido por su fotografía avant-garde, y también fue un reconocido fotógrafo de retratos.

Por otra parte, si en aquellos años todavía se planteaba si la fotografía era arte, Man Ray lo dejó claro: Pionero en la fotografía abstracta (rayogramas, fotos en las que no es necesaria la cámara; negativos, expuestos a la luz…), también cultivó la pintura, la escultura y el cine. De hecho, su primera cámara fue para reproducir sus obras plásticas. Pero para vivir se dedica a la fotografía.

Detrás de cada imagen hay una idea, y en ese sentido Man Ray también trabajó el arte conceptual. Le gustaba lo irracional y lo incongruente, lo absurdo. Buscaba el escándalo, y para ello sabía que no hay nada como una buena dosis de erotismo la cual está presente en las siguientes obras.

Unas de las obras más importantes y más conocidas de Man Ray es:

El Violín de Ingres (1924).

Esta fotografía evoca suavidad, atracción, fluidez, feminidad y delicadeza gracias a las categorías estéticas que emplea tales como belleza y novedad.

El enfoque que Man Ray le da a su obra es el de reinterpretar el cuerpo de una mujer como si fuera el de un violín, gracias a sus curvas y la fluidez de su figura, evocando así la famosa frase le violon d’Ingres, que hace referencia al pasatiempo que el francés tenía.

Una de las preguntas que podemos hacernos es porqué este artista compara un instrumento con una mujer, si lo pensamos bien, no compara cualquier instrumento, si no que la compara con uno de los instrumentos mas difíciles de tocar, más bellos, sensibles y preciados que hay, cualidades que también se le atribuyen a las mujeres.

Esta fotografía es claramente surrealista, ya que nos habla de un encuentro inesperado y de la juxtaposición de personalidades, cosa que era recurrente en el arte surrealista. De igual manera, nos habla de sexualidad y de la referencia a lo clásico (que Man Ray utiliza al igual que Ingres en su época), temas muy utilizados por los surrealistas.

Otra de sus obra más importantes son:

Lágrimas (1932)

Casi parecida a una película, esta fotografía recortada demuestra el interés de Man Ray en la narrativa cinematográfica. Los ojos de la modelo y las pestañas con rímel están mirando hacia arriba, invocando a los espectadores para preguntarse dónde está mirando y cuál es la fuente de su angustia. La pieza fue creada poco después de la ruptura del artista con su asistente y amante, Lee Miller. Ray creó diferentes obras en un intento de “romperla” como venganza contra un amante que lo dejó (similar al Objeto Indestructible). De hecho, la modelo no es una mujer real, sino un maniquí de moda con lágrimas de cuentas de vidrio en las mejillas. Aquí, nuevamente, Man Ray está explorando su interés en lo real y lo irreal desafiando el significado de la fotografía de naturaleza muerta.

Blanco y Negro.

Esta fotografía es ciertamente extraña porque la mujer aparece con los ojos cerrados. En este caso no es la fotografía la que crea un mundo onírico con su forma si no que es el espectador el que tiene que crearla. Con esta fotografía Ray nos muestra el primer paso hacia ese mundo o sueño es el que el espectador se encuentra solo porque ni le modelo ni la máscara tienen los ojos abiertos.

Cabe destacar la perfección de lo humano tanto lo que crea, que es la máscara, como el ser en sí, que vemos reflejado en una mujer con un cutis perfecto. Pero no solo se parecen en la perfección si no que la expresión de las mismas tiene cierto parecido, incluso podemos pensar que están pensando lo mismo.

Lo más genial de esta fotografía es la capacidad que tiene para estimular la fantasía del espectador menos romántico.